Entre Colombia y Perú, este pequeño país sudamericano puede a bien decir que es el centro del mundo, debido a su paso de la linea ecuatorial a la que debe su nombre. Nunca pensé que acabaría visitando Ecuador. Mis expectativas eran todas las que uno puede tener, considerando que era la primera vez que cruzaba el charco, y solo conocía las vivencias que mi mujer me contaba en sus viajes anteriores a este país. Cuando alguien te cuenta lo bonito o impresionante que puede llegar a ser un determinado lugar, uno solo puede imaginarlo o bien visualizarlo en su cabeza a través de las fotos de recuerdo que te han enseñado.
No es mi intención comentar en este post cual es la situación económica o política de la región. Creo que el sentido de lo que busco va mucho más allá y no me interesa tanto como documentar el día a día de la gente que vive en este precioso rincón del planeta.
Que un sitio tan pequeño como Ecuador, tenga zonas bien diferenciadas no es en absoluto sorprendente; ya pasa en España. Esta diversidad le confiere diferencias paisajísticas y humanas únicas. Desde la región de la costa hasta la selva amazónica, pasando por las impresionantes y majestuosas montañas y volcanes.
Los mestizos suponen el grupo más numeroso de población, seguido por indígenas, afroecuatorianos y blancos. Los Kichwas son muy conocidos en la sierra pero en todo el país hay más de 14 nacionalidades indígenas y 18 pueblos, como los Shuar y los Achuar, entre otros.
Los viajes se hacen principalmente por carretera, al no haber casi ferrocarril y aunque hay zonas con autopista, lo normal es encontrar carreteras nacionales, como la famosa Panamericana, que recorre casi todo el continente americano, desde Alaska hasta la Patagonia.
Las fotos de este post se tomaron en Quito y especialmente en la regiónde la sierra, en Riobamba y sus alrededores, así como en la zona de la costa, donde se encuentran las tierras productoras de cacao, plataneros y aceite de palma, y la pre selva hasta la zona de Baños.
Usé color y blanco y negro, aunque reconozco que decididamente es un país para color.
Se combinó formato medio en 6×4.5 con una Pentax 645n con un 75mm para el color, así como una Leica M3 con un super angulón para el blanco y negro
Mi gratitud a las personas que conocí en este país cuyo mayor tesoro entre todos lo que posee, es su gente. Me sentí acogido y bienvenido allí donde estuve de este a oeste y de norte a sur. Especialmente agradezco a Stalin Ramos Barba por su amistad y por haberme servido de guía por los pueblos y carreteras de la sierra, así como a Irene Gavilanes Terán y a todo su equipo de investigación de la Escuela Superior Politécnica del Chimborazo por su acogida y los buenos ratos vividos.
Espero que os guste


































